sábado, 12 de agosto de 2017

La chispa divina

En mi anterior entrada del blog titulada “El numero tres”, recibí un comentario de un compañero googlero, bloguero y amigo +Raul Sanchez, me hablaba de lo profundo que resulta el tema de la numerología cuando se reflexiona y se relaciona con el entorno, pues nos sorprende como se llevan a cabo estos eventos y nos instan, a razonar como todo está asociado, "Materia + energía + chispa divina"
Me encantó su enfoque y sobre todo esas tres fuerzas de la naturaleza que mencionó y que al igual que ahora, marqué en negritas en mi respuesta a su comentario.

Ese resaltar estos tres componentes que contienen tanta fuerza interior, y que se podría decir que son la base de la existencia física, se me quedó por unas horas dando vueltas en el subconsciente, y luego, al observar con detenimiento una imagen que había descargado hacia unos días de la web por llamar mi atención, y que a continuación les muestro, esto desató una especie de trance que me llevó a otro plano de la existencia y que fue motivo de inspiración para redactar esta entrada.


Primero me transportó a ese hermoso lugar que muestra la imagen y que está en Granada, observé, respiré, olí y percibí, me sumergí en el agua cristalina y me sentí allí tan relajada, formando parte de toda esa tranquilidad y armonía natural de la materia. Luego me integré de lleno y me fundí con todo el paisaje, fui luz, aire, cielo, agua, tierra, árbol, roca y todo lo demás que a simple vista no se percibe, pero que está allí latente, aves, reptiles, peces…, vida que es energía. Para después trascender todo aquello, y ver, sentir, y Ser esa chispa divina que da vida, que todo lo habita, que todo lo crea, estimula, transforma, expande y renueva…, para finalmente atravesar otros mundos, ir a otros planos de la existencia. 

Este es un tipo de experiencias que ya he tenido y vivido antes, han sido intensas, y sumamente gratificante para mí. Al volver aquí y regresar a este plano, soy de nuevo el observador, que admira, respeta y agradece la belleza y armonía de la naturaleza, que permanece aquí porque sabe que lo debe hacer, y espera mantener encendida esa chispa divina y poder encenderla en otros, en otras circunstancias, otras vidas, otras generaciones, otras consciencias…, y poder no solo encender, si no Ser esa chispa divina en otras galaxias y otros planos existenciales y fundirme con la eternidad.  


Es precisamente esa chispa divina la que hace que la energía se encienda, cobre vida y vibre, y que de vida a la materia, es ella la que hace latir el corazón, la que nos permite inhalar y exhalar, discernir, aprender y evolucionar. Es la dadora de verdadera vida, la proveedora de armonía en el contraste de la diversidad, la que trata de que mantengamos el equilibrio, de que vivamos con amor y en amor y fluyamos con naturalidad, tanto en el plano físico como en el espiritual.

Nosotros, los seres humanos, hemos dado mal uso a esa chispa divina, hemos permitido que predominen nuestros bajos instintos, somos los que más desentonamos en este hermoso paisaje que es la vida, al cual hemos depredado, irrespetado y devaluado. 


Fuimos y somos los que violentamos esa paz que habita en la vida material y tangible, en la vida que se desarrolla en el interior de la tierra, tergiversamos y descartamos la vida espiritual, la energía vibrante y latente que mora en cada materia viva, la que se regodea en el simple hecho de Ser todo aquello que Es. 

Nosotros irrespetamos nuestra esencia divina y faltamos al privilegio otorgado del libre albedrío, desvalorizamos la magia de lo divino, el encanto de lo sutil, de lo etéreo, del equilibrio, de converger. Desvirtuamos lo imprescindible de la vida, cuestionamos lo incuestionable, negamos lo inmaterial, lo impalpable, lo indescifrable, desconocemos lo esencial, lo valioso, lo eterno.
Queremos ponerle etiquetas a todo, buscar explicación a lo inexplicable, alcanzar lo inalcanzable y encasillar todo, absolutamente todo, en lo razonable, olvidamos que donde la razón deja de tener sentido o valor, entran otras virtudes más valiosas aun, más sustanciosas y sostenibles a pesar de parecer inexistentes y misteriosas o dudosas al conocimiento racional. 


La chispa divina siempre está en todo y en todos, permanece encendida, vibrante, hace que se encienda el motor de la vida, es cuestión de descubrirla, reconocerla, agradecerla y expresarla, de permitirle que se exprese a través de nosotros. 
Sin ella la vida parece muerta, permanece estática, inerte, débil, indecisa y vacía de amor, con ella todo se renueva, todo es posible, la alegría, el gozo, el amor y la eternidad. 

I. Harolina Payano T. Fluyendo armoniosamente. 

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